el viaje de la collalba

die Reise des Steinschmätzers


-¿Qué significa la estatua?  -preguntó.
-No lo sé. Y es muy extraño aquí en Suecia. Es misteriosa.
-Sí lo es. Yo no la comprendo bien.
-Para mí es muy importante la actitud de la mujer. Vea usted el rostro de ella -continuó la dama sin volverse-. Es evidente que hace un bien al hombre al vendarle los ojos.
-Sí que se lo hace. Pero ¿él está cayendo o levantándose?
-Es lo mismo. De todos modos, ella le ayuda. Porque los ojos del hombre generalmente no saben ver. Se pierden demasiado hacia afuera.
-Y la mujer, ¿ve mejor?
-Sin duda. En nuestra religión, o en la mitología hindú, como usted dirá, la diosa tiene un papel mucho más importante que en occidente. Quizá por eso usted no lo comprende. La Virgen-Madre es, desde luego, un misterio trascendental, pero no es la mujer. Escamotea el amor esencialmente femenino y, por consiguiente, toda la cósmica sabiduría de la diosa simplemente mujer. La diosa-mujer conoce grandes secretos. Y esa estatua me dice a mí, mujer de muy lejos, algo que tengo muy sabido y que me extraña encontrar afirmado aquí en bronce: el hombre ignora algo muy importante hasta que unas manos de mujer no le impiden perderse en lo que ve.


de Congreso en Estocolmo, de José Luis Sampedro
estatua: Lek vid stranden, de Theodor Lundberg, Saltsjöbaden

-¿Qué significa la estatua?  -preguntó.

-No lo sé. Y es muy extraño aquí en Suecia. Es misteriosa.

-Sí lo es. Yo no la comprendo bien.

-Para mí es muy importante la actitud de la mujer. Vea usted el rostro de ella -continuó la dama sin volverse-. Es evidente que hace un bien al hombre al vendarle los ojos.

-Sí que se lo hace. Pero ¿él está cayendo o levantándose?

-Es lo mismo. De todos modos, ella le ayuda. Porque los ojos del hombre generalmente no saben ver. Se pierden demasiado hacia afuera.

-Y la mujer, ¿ve mejor?

-Sin duda. En nuestra religión, o en la mitología hindú, como usted dirá, la diosa tiene un papel mucho más importante que en occidente. Quizá por eso usted no lo comprende. La Virgen-Madre es, desde luego, un misterio trascendental, pero no es la mujer. Escamotea el amor esencialmente femenino y, por consiguiente, toda la cósmica sabiduría de la diosa simplemente mujer. La diosa-mujer conoce grandes secretos. Y esa estatua me dice a mí, mujer de muy lejos, algo que tengo muy sabido y que me extraña encontrar afirmado aquí en bronce: el hombre ignora algo muy importante hasta que unas manos de mujer no le impiden perderse en lo que ve.

de Congreso en Estocolmo, de José Luis Sampedro

estatua: Lek vid stranden, de Theodor Lundberg, Saltsjöbaden